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NORMA LEGAL OFICIAL DEL DÍA 26 DE NOVIEMBRE DEL AÑO 2022 (26/11/2022)

CANTIDAD DE PAGINAS: 180

TEXTO PAGINA: 16

16 NORMAS LEGALES Sábado 26 de noviembre de 2022 El Peruano / poblaciones reducidas, por lo que probablemente estas empezaron a comunicarse en dicha lengua, formándose la variante Chachapoyas-Lamas. Asimismo, comenzaron a compartir las festividades cristianas introducidas por los misioneros; Que, con la expulsión del Perú de la Compañía de Jesús en 1769, la conversión de Lamas fue encargada a la Orden Franciscana. Sin embargo, los franciscanos encontraron fuerte resistencia por parte de los criollos, siendo expulsados de Lamas a su misión en el Cumbaza cerca de la actual localización de Tarapoto, Tabalosos y Pueblo del Río, llevando con ellos a una parte de la población indígena. A fi nes del siglo XVIII, al término de las misiones evangelizadoras, los indígenas de Lamas y Tarapoto obtuvieron mayor libertad para ocupar periódicamente sus tambos en territorios de caza, separados entre sí por uno o dos días de camino. Este movimiento se intensi fi có en el siglo siguiente, tanto a partir de desplazamientos temporales, como por la formación de nuevos pueblos integrados por grupos de parentesco, que optaron por retornar a sus lugares de procedencia. Así, algunos Salas, Ishuiza, Satalaya, Saboya fueron en dirección al río Sisa; algunos Amasifuenes hacia la margen izquierda del Huallaga Central y algunos Sangama hacia Chazuta y el norte en general; Que, en la segunda mitad del siglo XIX, debido a la mayor demanda de tierras cercanas a Tarapoto, un gran número de indígenas, que pertenecían a los distritos de Suchichi y Cumbaza, emigró a Chazuta, ubicada en la margen izquierda del Huallaga; así como a Sauce y Pilluana, ubicados en la margen derecha. Asimismo, durante el siglo XIX la mano de obra de indígenas catequizados era altamente valorada por la economía cauchera. El impacto de la demanda de este tipo de mano de obra en San Martín fue menor que en otras partes de la Amazonía debido a las altas ganancias generadas por la producción de algodón en esa época; Que, por otro lado, la Independencia signi fi có la apertura de la Amazonía a una economía de mercado, básicamente mercantil y extractiva. Al respecto, Andrew Maskrey, Josefa Rojas y Teócrito Pinedo explican que el comercio con la población Kichwa en San Martín giraba principalmente en torno al algodón y al tocuyo, productos que entregaban a sus patrones, por lo que la Independencia no alteró las estructuras coloniales en las que criollos y mestizos seguían teniendo el tutelaje de las poblaciones indígenas. Por ello, hasta entrado el siglo XX trabajaron como cargueros e, incluso, en el transporte de personas en las extensas rutas de comercio; Que, en cuanto a los insumos para el tejido tradicional realizado por los Kichwa, el principal es el algodón o utku. De acuerdo a testimonios recogidos con la comunidad de portadores de la expresión cultural, fue durante el gobierno de Juan Velasco Alvarado, en la década de 1970, que la Empresa Nacional de Comercialización de Insumos (ENCI) acopiaba algodón en el distrito de Sisa, por lo que las familias Kichwa de dicho distrito les vendían esta fi bra natural, así como a compradores mayoristas. Cuando la ENCI desapareció y el precio del algodón progresivamente bajó, dejaron de sembrar grandes cantidades, a fi nales de la década de 1990; Que, una de las manifestaciones culturales más destacables del pueblo Kichwa de San Martín son sus tejidos. En su repertorio textil, cobran especial relevancia los cintos tejidos con labores (término que los portadores usan para referirse a los diseños), los que son denominados chumbi (faja) y watu (pretina). El primero mide cerca de tres centímetros de ancho y dos metros de largo, y se usa amarrado a la altura del ombligo, donde se concentra la fuerza, como se verá más adelante. Asimismo, actualmente los varones usan el chumbi como cinturón, para sostener el pantalón; mientras que, en las fi estas, los cazadores y médicos (curanderos) también cuelgan de estas fajas los ishpingos , animales disecados cuyos espíritus son considerados sus ayudantes; Que, los chumbi pueden ser llañu chumbi o chumbi delgado, también de dos metros de largo, pero de menos de un centímetro de ancho. Estos últimos son usados por los varones, quienes los amarran a la cintura para cargar objetos ligeros como botellas con líquido, talegas pequeñas o cigarros de tabaco. En lo que re fi ere al watu o pretina, esta puede tener de cuatro a seis centímetros de ancho y de tres a seis metros de largo, dependiendo de lo que se quiera cargar y del gusto de la persona que lo va a usar. Esta pretina se sujeta a la cabeza para cargar y transportar objetos pesados, como racimos de plátano, leña, mazos de sal, canastos con productos de la chacra y/o del monte, galones de agua, entre otros. También, las pretinas se usan en labores de construcción, pues permiten cargar las hojas y palos de madera; Que, hasta hace algunas décadas, estos tejidos se realizaban con el algodón que ellas mismas sembraban. Hoy en día, quedan algunas familias que siembran algodón en sus chacras, siendo destinado para el tejido. En contraparte, la mayoría emplean hilos de algodón de origen industrial que compran en el mercado en los distritos de Lamas o Tarapoto, pues son más atractivos por su variedad de colores. Esto se observa en la vestimenta tradicional que usan las mujeres Kichwa, adornada con pañuelos multicolor colgados de la cintura, al igual que las cintas que cuelgan de sus cabellos, sus collares y los pañuelos que los hombres se amarran en la cabeza. Antes de la difusión del uso del hilo de origen industrial, los tejidos solían ser del color de las variedades de algodón que sembraban, blanco y pardo; Que, principalmente, son las mujeres las que tejen, aunque hay algunos hombres que también realizan esta actividad, sobre todo para la confección de telares grandes. En este sentido, la transmisión de conocimientos recae principalmente en las mujeres, quienes aprenden por imitación ( yachapayay ) mientras las madres, hermanas mayores, abuelas o tías tejen. Durante este proceso, no median explicaciones técnicas sobre el hilado y el tejido, ya que se da relevancia a la voluntad de aprender, tomar la iniciativa de acompañar durante el momento del tejido, y prestar atención para replicar los movimientos. Así, una niña se guía por su curiosidad, característica valorada en la comunidad al expresar su disposición para especializarse y profundizar en un determinado saber. Las mujeres tejedoras enfatizan en que se tiene que aprender desde pequeña, pues de adulta es más difícil. Las niñas aprenden a hilar desde los siete u ocho años, luego comienzan a urdir y a tejer piezas pequeñas con determinadas labores o diseños que regalan a sus parientes varones. Estos tejidos no se regalan entre mujeres, ya que, si una mujer no sabe tejer, debe comprar el tejido de otra; Que, la transmisión de los conocimientos del tejido se complementa con algunos saberes que permitirán obtener resultados efectivos. Por ejemplo, las mujeres no pueden comer tripas durante el tiempo que estén hilando; de lo contrario, el hilo se enreda como las tripas. Igualmente, se debe cuidar que nadie pase por encima del cinto que se está tejiendo, ya que eso puede afectar el estado anímico de la tejedora y desanimarla a continuar con su confección. Otro saber radica en echar orina (ishpa) a las manos para “curarlas”, es decir, para prepararlas con el fi n de que sean hábiles para el tejido. Empero, la comunidad de portadores indicó que esta práctica se da muy poco. Igualmente, las tejedoras compartieron que, cuando no podían tejer, sus madres les jalaban el párpado para que puedan hacer la labor o diseño, o les daban golpes en la mano con la makanilla, herramienta que se usa para golpear y ajustar la trama. De esta forma, se aseguraban de que sus hijas aprendan a tejer. Otro procedimiento consiste en reprender a las hijas que no aprenden a hilar, por lo que las madres permiten que la añallu , u hormiga piña, les muerda. Así, los testimonios recogen que, en la transmisión de conocimientos media también la corrección como forma de moldear el saber corporal; Que, los conocimientos del tejido parten desde la siembra del algodón, en el mes de diciembre, y su cosecha, en el mes de agosto. Para sembrar ( tarpuy ) el algodón, se escogen las mejores semillas, que estén sueltas y no pegadas entre sí, ya que, de ocurrir lo último, el algodón se pudrirá y o el hilo resultante no será duradero. Por ello, las semillas se deben de sembrar de a tres en cada hueco, siendo el mejor momento para la siembra en media luna. Si se siembra con luna menguante, la planta dará copos pequeños. Por otro lado, las tejedoras recomiendan cosechar ( pallay ) antes de la luna nueva, pues así se evita que el algodón tenga una