TEXTO PAGINA: 12
12 NORMAS LEGALES Jueves 17 de noviembre de 2022 El Peruano / Que, las variedades más espinosas y de tono verde azulado son denominadas “San Pedro cimarrón”, más usadas por especialistas conocidos como maleros cuya fi nalidad es causar daño antes que lograr la visión correcta de las cosas que proporcionaría la variante más apreciada del cactus. Cabe precisar que, este tipo de especialistas, y el uso del cactus con la fi nalidad de causar daño, quedan excluidas de los alcances de toda acción declarativa como Patrimonio Cultural de la Nación; Que, a esta diferenciación entre variantes del cactus se le superponen connotaciones de género, siendo que el San Pedro con pocas espinas es llamado “hembra” frente a la variante espinosa entendida como “macho”. Aunque estos cactus crecen en una serie de ecosistemas, se pre fi eren los que crecen profusamente en la sierra de Cajamarca, o en los cerros del distrito cercano de Salas, provincia de Ferreñafe, Lambayeque, conocidas como “huachumales”. Aparte de su relación con los cerros en cuyas laderas crecen, se dice que en estos espacios aún habitan animales a los cuales se les da una fuerte connotación mágica, como el jaguar o la boa macanche del tipo constrictor, seres asociados al poder del San Pedro; Que, el uso de esta planta está por tanto sostenido por una tradición cultural de larga historia, aceptada y consensuada en las sociedades locales donde se practica, que comparte una cosmovisión en la que se unen principios originarios con algunos aspectos del cristianismo asimilado, y de la cual parte una serie de conceptos sobre salud y enfermedad. El consumo del San Pedro es solo una parte, aunque sea la más importante, del ritual de curación. Este es precedido por un tiempo de preparación del paciente, que puede durar de semanas a meses, y que incluye una dieta que evite ciertos alimentos, abstinencia de vida sexual, disciplina en manejo de las emociones que aleje al paciente de ser presa de reacciones negativas, y una serie de prácticas de limpieza corporal y espiritual como baños en lagunas ubicadas en las inmediaciones de espacios sagrados como cerros y huacas, que se consideran tienen gran poder. En el marco ritual de las sesiones, los estados de conciencia fomentados por el consumo de San Pedro han de ser guiados y controlados por el maestro curandero; Que, todo este complejo ritual ayuda a diferenciar el uso ritual de esta planta del consumo con fi nes recreativos, dado que en este caso el objetivo es lograr una visión espiritual del mundo circundante y, de este modo, diagnosticar el origen de los malestares que aquejan al paciente. El papel del San Pedro es lograr, por medio de su in fl uencia en los curanderos, una visión clara o limpia de la condición del paciente. Este papel explica el nombre de santo cristiano dado a esta especie, al establecer una analogía con el personaje cuyo atributo es el ser detentador de las “llaves del cielo”, entendiendo por tanto a la planta como un agente que permite el contacto con una dimensión espiritual de la existencia, a través de la cual se puede diagnosticar el malestar del paciente y recomendar una terapia adecuada. Este estado también es llamado huanto, derivado del quechua wantuq, que signi fi ca “elevado” en referencia al vuelo mágico del curandero bajo la in fl uencia psicotrópica del San Pedro; Que, la recolección de esta planta también sigue una serie de procedimientos rituales, a cargo del curandero, orientadas a evitar que sus cualidades sean perturbadas. Dado que es concebida como la residencia de un espíritu con el cual hay que interactuar en una relación de respeto, esta interacción inicia en el momento en que se recolectan los tallos y ramas de la planta. Antes de hacer este acopio se ha de saludarla y rendirle homenaje con rezos, cantos, abluciones con agua fl orida y humo de tabaco alrededor de la planta que será cortada, bendiciendo incluso el cuchillo usado para para tal fi n. Se ha de recolectar en horas fi nales de la tarde o al caer la noche, en días de luna llena, cuando se dice que la savia permanece en las ramas altas del cactus. Por estos medios se logra que el cactus permita ser usado y que mantenga sus cualidades. Importa en ello que, quien haga esta recolección, siga una vida correcta según los parámetros tradicionales. Este es también el motivo por el que dicha persona suele ser el mismo maestro curandero;Que, estos criterios se aplican igualmente en la preparación del brebaje hecho con la corteza del cactus. Así, también se considera necesario que quien lo prepare sea el mismo especialista, o asistente, que recolectó la planta para permitir de este modo que sus poderes cobren “vida” y pueda asumir sus funciones terapéuticas. Valen para esto los implementos para la preparación del brebaje, como el fogón o la cocina, que usualmente se ubican al interior de la vivienda del mismo curandero. Estos implementos han de usarse exclusivamente para este fi n, y de preferencia ser nuevos. La cocción del cactus es acompañada de rituales de preparación para generar una comunicación con las entidades involucradas, es decir, con el espíritu del cactus, de los cerros, y los santos a los que se invoca en los rituales de sanación. Se suele colocar dos varas de chonta, puestas en cruz sobre la olla, o trazar una cruz sobre la olla, con una espada antigua, para conjurar la presencia de malos espíritus. Se ha de permanecer en vigilia durante el tiempo que dure esta preparación, recitando fórmulas propiciatorias, y evitando que el brebaje rebalse con el hervor, pues esto haría que perdiera su poder. El espíritu del cactus San Pedro se convierte, de este modo, en el guardián del lugar donde es procesado para su consumo. El tiempo ideal de cocción dura entre ocho y nueve horas. Si se tratan malestares poco intensos, se puede usar un cactus con estrías pares; de ser muy intenso, se recomienda usar ramas con estrías impares, de cinco a nueve estrías; Que, el ritual presidido por el curandero suele realizarse en el mismo espacio de preparación del cactus como brebaje, protegido por el espíritu de la planta, aunque puede elegirse un espacio al aire libre, cerca de un cerro o laguna sagrada, hacia los cuales se oriente la mesa ritual. Los elementos o artes son distribuidos en la mesa según un criterio de dualidad, en dos bancos o lados, llamados el lado curandero o justiciero el de la izquierda y el lado ganadero el de la derecha, cada uno con sus funciones y cualidades especí fi cas, con el objetivo general de protección y limpieza de las fuerzas negativas, y lograr la salud como un equilibrio entre las fuerzas que rigen esta cosmovisión; Que, la expresión física de este equilibrio es el complejo ritual conocido como mesa , un espacio delimitado por un manto tejido sobre el cual se dispone una serie de implementos conocidos en la medicina tradicional norteña como artes , escogidas por una serie de características que derivan de su origen, composición o morfología, dispuestos en la mesa a modo de mapa cósmico. La distribución de estos objetos corresponde, por ende, a una clasi fi cación a partir de su función en el ritual en base a cuatro criterios fundamentales: el de obrar como protectores contra fuerzas negativas, como instrumentos para la defensa y el ataque mágico ante estos mismos enemigos, como instrumentos para la extracción del daño o contagio del cuerpo del paciente, y para la apropiación y manejo de fuerzas positivas de las entidades éticas a las que se invoca para la protección y limpieza de todo daño. Entre este tipo de artes se encontrarán espadas de metal, varas de mando, imágenes cristianas, sonajas, piedras, objetos arqueológicos como huacos o huesos humanos, conchas de nácar. Junto con ellos hay determinadas semillas y especies vegetales, materializaciones de las entidades que componen el universo, de las que el San Pedro se convierte en vehículo de comunicación con el mundo espiritual al que se puede acceder únicamente con la mediación del especialista; Que, algunos de estos objetos se escogen por haber pertenecido a otro curandero reconocido, a un familiar fallecido, o porque ha sido encontrado en un lugar con poder, como cerros, lagunas, cuevas o huacas; por su naturaleza, también por provenir de un animal o planta con prestigio mágico, entre los cuales se encuentra el San Pedro; otra razón es por algún atributo físico al que se le concede un signi fi cado especial, como la forma, si rememora a elementos o seres divinizados de la fl ora, la fauna, o el cielo, o de forma humana, en particular de órganos genitales; o por el color, siendo preferidos los objetos de color rojo, negro y blanco, relacionados respectivamente con la sangre o el fuego, la noche oscura o con la pureza; algunos atributos como luminosidad, magnetismo, transparencia o super fi cie