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Pág. 189673 NORMAS LEGALES Lima, lunes 3 de julio de 2000 gramas específicos de apoyo alimentario para este grupo poblacional. La difusión, información y educación en mate- ria de hábitos alimentarios positivos, se presenta como una posibilidad urgente para dar respuesta a las necesidades específicas y particulares de los adultos mayores, de acuerdo a las distintas zonas geográficas del país. Bajo nivel educativo y falta de conocimiento sobre el envejecimiento y la vejez Las personas que ahora tienen 60 y más años de edad, pertenecen a una generación donde el analfabetismo y la baja escolaridad fueron una característica permanente du- rante varias décadas. Aún hoy, una importante proporción de este grupo poblacional continúa sin saber leer y escribir, lo cual no solamente les impide alcanzar objetivos preventi- vos en distintos ámbitos y aspectos de su vida, como por ejemplo en salud y en el cuidado de su propia seguridad, sino que también les resta oportunidades para elevar su bienes- tar y calidad de vida. Los problemas educativos no afectan exclusivamente a la población adulta mayor sino que también, en otra forma, el desconocimiento que tiene el resto de la población sobre los problemas del envejecimiento y la vejez, genera prejui- cios sociales acerca de este proceso, lo cual condiciona otro problema a los adultos mayores como las dificultades para su participación social y su integración plena a la sociedad. Asimismo, la sociedad no valora debidamente las habilida- des y experiencias ganadas por los adultos mayores a lo largo de su vida en diferentes aspectos y peor aún, las nuevas generaciones no reciben este nuevo bagaje y no se beneficia la comunidad con un proceso de transmisión y acumulación de conocimiento. En nuestro país no existen programas que incorporen activamente a los adultos mayores para la transmi- sión de sus conocimientos ni tampoco programas que permitan a estas personas de 60 y más años recibir capacitación laboral que les refuerce sus destrezas y puedan seguir participando competitivamente en las actividades productivas. Ingresos y pensiones reducidas y falta de solida- ridad con las personas adultas mayores Aunque la insuficiencia de los ingresos es una situa- ción que afecta a una proporción importante de los hoga- res y personas del país, es conocido que tanto el nivel de ingresos de las personas de 60 y más años que trabajan, como el valor de las pensiones en el caso de pensionistas y jubilados, son los más bajos en la escala de remuneracio- nes, situación que nos les permite llevar una vejez digna y con independencia. El panorama para las personas adultas mayores es más deprimente al no estar suficientemente fortalecidos mecanis- mos institucionales de solidaridad con ellos, especialmente con los más pobres y vulnerables. El problema central es el elevado porcentaje de adultos mayores que no pertenecen al sistema previsional ni a la seguridad social y, en el caso de las personas que sí están afiliadas, muchas veces los sistemas no responden a sus demandas y necesidades particulares. Otro problema importante es la enorme dificultad que tienen los adultos mayores para acceder al crédito. En el país funcionan muchos programas de apoyo a la micro, pequeña y mediana empresa, pero en pocos de ellos se otorga especial prioridad a los adultos mayores como sujetos de crédito. Desaprovechamiento y mal uso del tiempo libre En nuestro país no existe una cultura del tiempo libre, es decir, se carece de una conciencia y sensibilidad de lo beneficioso que puede ser para las personas, especialmente las adultas mayores, el aprovechamiento de su tiempo libre en actividades culturales, deportivas, turísticas y de espar- cimiento. A pesar de la gran cantidad de tiempo libre que tienen los adultos mayores, este tiempo no es aprovechado, situación que con políticas adecuadas debe corregirse. Un problema colateral es que en el país no existen espacios adecuados para que los adultos mayores puedan hacer uso de su tiempo libre y que, además, lo hagan a costos realmente reducidos. A la falta de infraestructura e instala- ciones deportivas, recreativas y culturales apropiadas para las necesidades y requerimientos de este grupo poblacional, debe añadirse la falta de profesionales y, en general, recur- sos humanos especializados en servicios de recreación y esparcimiento para la población mayor. Bajos niveles de participación y escasas facilida- des para la integración social Uno de los prejuicios más visibles de la sociedad peruana es la consideración de las personas adultas mayores como sujetos pasivos y sin capacidad para participar activamenteen la marcha de su comunidad. Además, en nuestro país son pocos los canales institucionalizados para la participación del adulto mayor, hombres o mujeres, que puedan servir de mecanismo importante para estimular sus capacidades. Adicionalmente, se presenta una casi total inexistencia de organizaciones de nivel local y comunitario, que estén integradas por personas adultas mayores, con lo cual dismi- nuyen las posibilidades de participar no sólo en la gestión del desarrollo de su comunidad sino, inclusive, en programas y actividades en su propio beneficio. Si la participación en general de los adultos mayores es poco significativa, resulta de mayor preocupación la exclu- sión casi total de la mujer adulta mayor, producto de la discriminación de género que sufren en todos los niveles generacionales, lo cual debe revertirse tanto a nivel familiar como también en el comunitario. 3. PRINCIPIOS DE LA POLITICA PARA LAS PER- SONAS ADULTAS MAYORES Los siguientes principios que sirven de sustento a la política nacional para las personas adultas mayores, se basan fundamentalmente en compromisos adoptados por el país en eventos internacionales sobre la materia y en los criterios fundamentales que guían las políticas sociales y de desarrollo humano en el país. La política para las personas adultas mayores es parte integrante del desarrollo humano sostenible del país, cuyo principal objetivo es elevar la calidad de vida de todas las personas. El envejecimiento es un proceso que dura toda la vida, sobre el cual incide una diversidad de factores que exige la consideración de un enfoque multidisciplinario, integral y dinámico, que transforme el proceso de envejecimiento en un factor de desarrollo para los propios adultos mayores y para el conjunto de la sociedad. La asignación de recursos necesarios para implemen- tar las políticas y acciones sobre envejecimiento y vejez deben considerarse como una inversión, por lo que es impor- tante la coordinación de los factores económicos y sociales para potenciar su aporte y hacerlos más eficientes, combi- nando adecuadamente criterios técnicos y políticos en la toma de decisiones. El Estado debe garantizar que los adultos mayores en situación de pobreza y aquellos más desprotegidos tengan prioridad sobre los beneficios, para disminuir las desigual- dades sociales y territoriales, y lograr condiciones de equi- dad. Asimismo, se debe promover la equidad y la igualdad de los sexos y los derechos de la mujer. En el desarrollo de la política para el envejecimiento y la vejez se debe tener en cuenta la corresponsabilidad entre el Estado, la familia y la propia población adulta mayor. El Estado debe convocar la más amplia participación de los adultos mayores y otros actores sociales, y comprometerlos en el diseño y ejecución de programas y proyectos específi- cos, principalmente a organismos no gubernamentales y universidades. Se debe propiciar que las personas adultas mayores mantengan una actividad intelectual, afectiva, física y social, por lo que es indispensable que puedan tener acceso a los servicios de salud y seguridad social, recrea- ción y cultura. Es responsabilidad política y social, actual y futura, promover la solidaridad intergeneracional, no sólo de la población en general para con los mayores, sino también desde los adultos mayores hacia las generaciones más jóve- nes, propiciándose la transmisión de sus conocimientos, habilidades y experiencias, y reconociéndose la contribución que prestan los adultos mayores desde el punto de vista espiritual, socioeconómico y cultural. Los adultos mayores deberán vivir con dignidad y seguridad recibiendo un trato digno, independientemente de la edad, sexo, raza o procedencia étnica u otras condicio- nes y han de ser valorados independientemente de su contribución económica. De manera particular, el Estado, al considerar las necesidades de los adultos mayores pertene- cientes a los diferentes grupos étnicos del país, reconoce y apoyo su identidad, su cultura e intereses. El Estado debe velar por la vigencia plena de los derechos fundamentales de las personas adultas mayores. 4. OBJETIVOS DE POLITICA Mejorar la calidad de vida de toda la población adulta mayor, independientemente de su edad, sexo o etnia, con el propósito de que vivan un proceso de envejecimiento saludable. Promover el desarrollo integral de los adultos mayores, brindando oportunidades para una vida digna e indepen- diente en el contexto de sus familias y su comunidad.