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NORMA LEGAL OFICIAL DEL DÍA 18 DE MARZO DEL AÑO 2007 (18/03/2007)

CANTIDAD DE PAGINAS: 80

TEXTO PAGINA: 53

NORMAS LEGALES El Peruano Lima, domingo 18 de marzo de 2007 341807 inermes. No se permite, siquiera, un gesto como el que tuve la semana pasada. Esto es totalmente inad misible. Creo que debemos respetar la Constitución, aunque esta haya sido numerosas veces mancillada, no por la minoría sino por la mayoría de este Congreso. En mi escaño tengo la guía telefónica de 1994, en la que está impresa la Constitución Política del Perú. Se la envío a través de un señor conserje para que disponga usted sea empastada y colocada en la biblioteca del Congreso. En cuanto al Reglamento del Congreso, las disposiciones pertinentes leídas en la sesión de la mañana han sido comentadas en esa sesión y en la que estamos. Es, pues, a la Mesa Directiva a quien le corresponde plantear cualquier sanción por alguna infracción disciplinaria, quedando claro que ningún otro Congresista tiene esa potestad, por más distinguido que sea. Quiero dejar claro que las únicas faltas disciplinarias están establecidas en el Reglamento. Entonces, ¿cuál es la infracción que yo he cometido? La señorita Mellado se re fi rió al artículo 23º del Reglamento, que señala los deberes que tienen los Congresistas, y leyó dos de sus incisos. Me voy a referir a ellos. El inciso b) dice lo siguiente: “De cumplir y hacer cumplir la Constitución Política y las leyes del Perú, así como respetar el presente Reglamento del Congreso”. Yo he respetado y respeto la Constitución Política del Perú; no la he violado, no he tratado de que se incumpla ni que se cometa ningún acto como aquel a que ha hecho referencia el congresista Ezquerra, dentro de su ilustrado e hispánico lenguaje. El inciso c) indica lo siguiente: “De mantener una conducta personal ejemplar, de respeto mutuo y tolerancia, y observar las normas de cortesía de uso común y las de disciplina parlamentaria contenidas en este Reglamento”. En todo caso, aquí se está haciendo referencia a un gesto que tuve, que sería una conducta funcional, mas no ejemplar para la mayoría, porque ésta pre fi ere violar la Constitución. Personalmente, mi conducta es ejemplar. Quisiera que no se haga más elogios de los que he recibido inmerecidamente de congresistas tan gentiles como Alfonso Baella y Alejandro Santa María, de los distinguidos representantes Róger Guerra-García y Ernesto Gamarra, de mi correligionario Arturo Castillo, quien hizo una brillante gestión como alcalde de Chiclayo. Cómo no agradecer –y me olvidaba- de las amables expresiones de los doctores Alfonso Grados Bertorini y Ántero Flores-Araoz. Y perdónen-me si se me escapa algún nombre. Ocuparse de intimidar a los opositores al régimen es una actitud de bochorno para el Congreso, cuando el pueblo espera algo más de un Parlamento que, si bien es cierto no tiene origen representativo, debe hacer un esfuerzo para resolver los problemas del país; pero esto se esquiva y no se realiza. Si nos concretamos a citar casos concretos, debo recordar que el proyecto sobre el Código Procesal Penal, por ejemplo, está durmiendo el sueño de los justos. Fue aprobado en este Congreso, pero lo devolvió el Presidente de la República con observaciones, las cuales ya están resueltas. Sin embargo, el ochenta por ciento de los reclusos están sin sentencia y se encuentran privados de su libertad. Algunos pueden ser inocentes, otros no. Hay muchas iniciativas que el Parlamento podría abordar, pero la mayoría o fi cial pre fi ere que este tema incidental se convierta en un problema capital. No perdamos el tiempo en esto que no tiene ninguna trascendencia. Se dice que los niños van a tener un mal ejemplo. Naturalmente que tienen un mal ejemplo, porque la Constitución se viola a cada rato y no porque se haya tirado al suelo. Dicho sea de paso, ¿dónde está el ejemplar que se colocó en el escaño de Grau? Alguien ha tenido la gentileza de retornar el ejemplar a mi escaño y ahora resulta que tengo dos ejemplares de la Constitución, que naturalmente no voy a tirarlos al suelo, porque los necesito. Como abogado y Congresista necesito usar esto. Tal vez saque una fotocopia completa de un ejemplar de la Carta Magna para en viársela al novísimo “maestro” de Derecho, el doctor Ezquerra Cáceres, a fi n de que complete sus estudios en esta materia. La mayoría puede adoptar las decisiones que considere pertinentes, pero debo manifestar que estarán infringiendo la Constitución, porque no es mediante una moción de orden del día que se puede sancionar a un Congresista, tiene que ser la Mesa Directiva la que haga la proposición correspondiente. No lo ha hecho. La obligación del Congreso es cumplir la Constitución y el Reglamento del Congreso, que es ley de la República. Se estaría infringiendo —reitero— una vez más la Carta Magna si es que se aprueba esta moción presentada por la señora Aurora Torrejón.Cualquiera que sea la decisión yo voy a seguir combatiendo. Estoy comprometido con el país. No tengo canas porque simplemente ha transcurrido el tiempo. Yo he luchado por la democracia. Tal vez desde que tenía 6 o 7 años ya estaba interviniendo en política. Recuerdo, por ejemplo, que en 1936, cuando fue anulado el proceso electoral de aquel año en que fue elegido Luis Antonio Eguiguren, por el pueblo, presidente de la República, llevé un millar de propaganda política a mi centro escolar para repartirla entre mis compañeros de primer año de primaria. Desde esa edad ya hacía —reitero— propaganda política. En Trujillo, en 1945, también hice campaña política en favor del doctor Bustamante y Rivero. En la Universidad Nacional Mayor de San Marcos fui abierto opositor a la dictadura de Odría y recorrí todas las prisiones de Lima, incluyendo la del Frontón. Yo no he venido por mi carambola a este Congreso. Yo he venido porque soy luchador, porque he defendido y defi endo a mi pueblo. En 1974, como lo recordó Alejandro Santa María, fui objeto de una deportación. Me quisieron embarcar rumbo a Buenos Aires en un avión, pero yo me resistí y tuvieron que bajarme del avión y deportarme, vía terrestre, hasta La Paz. Retorné a Lima, pero me volvieron a detener y nuevamente me deportaron, vía terrestre, porque no podían hacerlo por vía aérea. Pero, a los cuarenta y cinco días, otra vez me introduje en el territorio de mi patria para continuar bregando en contra de las dictaduras a las cuales estuvieron vinculados algunos miembros de la mayoría. A esa dictadura que estatizaba las empresas privadas, mientras que el actual régimen privatiza las empresas públicas. Esos son los cambios que hay, probablemente ideológicos o pragmáticos, en quienes forman el entorno del ingeniero Fujimori. Yo tengo principios que de fi endo y que no vendo, los cuales me han permitido tener un lugar en la historia del Perú, un lugar muy modesto por supuesto, por lo que estoy en paz con mi conciencia. Si ustedes consideran que me deben suspender noventa días, háganlo, será la decisión de una mayoría que no representa la opinión pública del país, ya que han visto los resultados de algunas encuestas hechas por los medios de comunicación, las cuales no son precisamente favorables para quienes ahora son mayoría en este Hemiciclo. La historia es aleccionadora; el poder es efímero. Los que ahora están ejerciendo en forma prepotente y arbitraria el manejo de este Congreso, muy pronto serán minoría. El penúltimo golpe de Estado de este siglo en el Perú fue el 5 de abril de 1992, y el año 2000 habrá otro gobierno en el Perú. Por ello, invoco a los señores Congresistas de la mayoría a que no sean soberbios, a que no sean prepotentes, a que no abusen de un poder transitorio. Sean humildes y, sobre todo, piensen en el dolor que tienen los peruanos con escasos recursos. Las informaciones o fi ciales establecen que hay cinco millones cuatrocientos mil peruanos en estado de extrema pobreza, consecuencia en parte del gobierno de seis años del ingeniero Fujimori. De manera que no se pinten en Hamburgo fi guritas distintas a las que vive el país, diciendo que se va a crear el Ministerio de la Mujer para otorgarle a este sector toda clase de posibilidades. Asimismo, que se rebaje a doscientas o trescientas mil fi rmas el requerimiento para inscribir a los partidos políticos ante el Jurado Nacional de Elecciones, porque algunos creen que hay que dividir para reinar. Yo tengo un nombre limpio. Tengo antepasados que también lucharon modestamente en los pueblos de la serranía. Por ejemplo, mi bisabuelo fue el que fundó revolucio na riamente la provincia de Contumazá; mi abuelo hace un siglo dejaba de ser Diputado por la provincia de Contumazá; mi padre fue elegido en 1931 y 1936 representante por Cajamarca, siendo arbitrariamente anuladas ambas elecciones; en 1945 estuvo en el Senado de la República, pero tuvo que dejarlo tras el golpe de octubre del año 1948. Entonces, yo tengo que seguir el rumbo de mis antecesores defendiendo los intereses de la patria y dejar un nombre para quienes en mi familia quieran seguir mis huellas. Debo agradecer la gentileza que han tenido hacia mi persona diversos oradores, no solamente de los grupos de la minoría, sino también en algunos casos algunos miembros de la mayoría. Sin embargo, lamento que haya expresiones que demuestren que se hacen protestas de grandeza de espíritu, pero que no se las acredita en la práctica. La mayoría es la que tiene que dar muestras de humildad. La mayoría no debe ser prepotente ni abusiva. Sin