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Pág. 207937 NORMAS LEGALES Lima, domingo 29 de julio de 2001 mientos ni las herramientas necesarias que les faciliten un eficaz desempeño. Esta carencia de preparación, suele estar vinculada entre otros factores, al limitado impulso que el sistema educativo otorga a la capacidad de organización y liderazgo juvenil, circunscrita en el mejor de los casos, a una participación específica, pun- tual y condicionada al ámbito educativo. De otro lado, un significativo número de adultos no apoya la implementa- ción y consolidación de los mecanismos de participación juvenil existentes, porque sienten que las opiniones de los jóvenes son distintas a las suyas y porque los conside- ran inmaduros o que no saben lo que quieren. En el sector rural -donde los jóvenes desempeñan actividades similares a las de los adultos- son pocas son las agrupaciones juveniles y por lo general, las existen- tes se encuentran adscritas a las organizaciones de los adultos, no contando los dirigentes juveniles con espa- cios para identificar sus problemas propios y desarrollar sus propuestas de solución. • Limitado apoyo social al fortalecimiento de las organizaciones juveniles Son pocas las organizaciones juveniles representati- vas de los jóvenes. El trabajo de la mayoría de éstas es atomizado y con duplicación de esfuerzos. No cuentan con las necesarias herramientas conceptuales y metodo- lógicas de gestión, que las dote de un adecuado nivel de convocatoria y representatividad, tampoco realizan es- fuerzos para construir relaciones de género equitativas. Además, la mayoría de las veces sus lógicas son poco comprendidas, obteniendo como resultado un limitado reconocimiento a sus contribuciones culturales, insufi- ciente apoyo para sus iniciativas y para la articulación y el fortalecimiento de sus organizaciones. De lo anterior, se tiene como resultado una débil participación de los jóvenes en los procesos de formula- ción, implementación y evaluación de las políticas y programas orientados hacia ellos, aunándose a ésto dificultades en la interlocución de demandas y propues- tas entre la población joven y los sectores del Estado. • Desinformación o limitada oferta informati- va de actividades, acciones, y oportunidades de interés juvenil No existen mecanismos que permitan una fluida información al grueso de la población joven sobre aspec- tos de su interés, como oportunidades educativas, labo- rales, culturales, artísticas, sobre todo entre los jóvenes no organizados, de modo tal que el acceso a estas oportu- nidades se vuelve bastante restringido, no llegando en la mayoría de casos a aquellos a quienes iba especialmente dirigido, principalmente en el interior del país. De la misma manera, los canales o medios para dar a conocer las propuestas y actividades realizadas por los jóvenes tienen una limitada cobertura, lo que restringe su parti- cipación en actividades de su interés. • Dispersión en la oferta pública de programas y servicios En las dos últimas décadas han sido varios los secto- res de la administración pública que han orientado sus esfuerzos hacia los jóvenes. Incluso el poder legislativo se ha ocupado del tema elaborando proyectos de ley para dotar al sector público de una sólida institucionalidad referida al tema. Así pues, a pesar de que en la esfera de políticas y programas se ha avanzado en el diseño de políticas y en la implementación y diversificación de programas y servicios dirigidos a la población joven, estos esfuerzos no han alcanzado una eficiente intersec- torialidad, ni la necesaria vinculación con los gobiernos locales y regionales, resultando insuficientes en conteni- do, metodologías y cobertura frente a la heterogeneidad de las necesidades y demandas juveniles. Asimismo, los insuficientes mecanismos de monitoreo, seguimiento y evaluación de las políticas y programas no permiten superar la visión sectorial del tema joven. • Limitaciones en el proceso de integración re- gional A pesar del proceso de globalización y de los desarro- llos tecnológicos consecuentes, son muy pocos los jóve-nes que se pueden incorporar favorablemente y en con- diciones de ventaja a los múltiples procesos de integra- ción regional iniciados por el país, siendo también muy pocos los municipios que cuentan con programas dirigi- dos a jóvenes, limitando su perspectiva y dificultando el intercambio de experiencias que permita generar un sentido de identidad que fortalezca los lazos de solidari- dad y reciprocidad entre los jóvenes. Esta limitada mo- vilidad para el intercambio de conocimientos y experien- cias con sus pares, atenta contra una visión de conjunto y de largo plazo, que promueva la interculturalidad. IV . PRINCIPIOS DE LA POLÍTICA DE JUVENTUD Los principios que sirven de fundamento a la política de juventud toman como referencia los criterios genera- les que orientan las políticas sociales en el país y los compromisos adoptados en los eventos internacionales. La política de juventud es parte integrante de la política de desarrollo humano, cuyo objetivo es elevar la calidad de vida de las personas, logrando su plena parti- cipación en el proceso de desarrollo sostenible en todas las regiones. Reconoce que los jóvenes son sujetos de derecho con voluntad, asegurando su libertad y asu- miéndolos como actores sociales que formulan, imple- mentan y evalúan las políticas dirigidas hacia ellos. La política de juventud se orienta a mejorar las condiciones de vida de las y los jóvenes, fomentando la equidad generacional y de género en su acceso a las oportunidades, promoviendo el desarrollo de sus capaci- dades y respetando sus derechos políticos, económicos, sociales y culturales, priorizando a aquellos que se en- cuentran más desprotegidos. Esta política reconoce que la juventud es una etapa de la vida condicionada por sus propios procesos biológi- cos, psicológicos, sociales y culturales que requiere para el buen entendimiento de sus manifestaciones, un abor- daje respetuoso, participativo, integral, multidisciplina- rio y con un enfoque que priorice los aspectos preventi- vos promocionales. El Estado reconoce que cada joven es único y cualquier intervención se adecuará a su realidad personal, familiar y social, respetando su autonomía y la diversidad de sus manifestaciones propias, apoyando en esa medida su identidad, su cultura e intereses. La política de juventud cultiva y promueve entre los jóvenes un conjunto de valores y actitudes democráticas: la búsqueda de la igualdad de oportunidades, el respeto a la diversidad, la tolerancia a las diferencias, la coope- ración y la solidaridad mutua, el fortalecimiento de las organizaciones y la búsqueda del consenso, el espíritu de paz y convivencia, el respeto de los derechos humanos y del medio ambiente, las alianzas estratégicas y el lide- razgo funcional y sinérgico. Para el diseño, ejecución y evaluación de sus accio- nes, la política de juventud propicia la convocatoria y el consenso con las comisiones encargadas del congreso, los gobiernos regionales y locales, las organizaciones no gubernamentales, las organizaciones de jóvenes, las iglesias, las instancias de la sociedad civil vinculadas a los jóvenes, las agencias de cooperación, el sector priva- do, y los expertos en el tema. Asimismo, busca articular- se con las propuestas para niños/niñas y adolescentes. El gasto público necesario para implementar la polí- tica de juventud se considera una inversión en capital humano a futuro, toda vez que la generación joven es un actor estratégico para el desarrollo de la sociedad y de la economía. Asimismo, para su eficaz implementación, la política de juventud, guarda coherencia y complementa- riedad con las políticas nacionales en curso. V. OBJETIVOS DE POLÍTICA Promover la incorporación de las y los jóvenes a la vida política, económica, social y cultural del país, en especial a los que se encuentran en situación de pobreza, como forma de mejorar su calidad de vida, desarrollando en ellos/ellas y en sus organizaciones, habilidades para el análisis, la comunicación y la creación, así como capaci- dades autónomas de organización y gestión. Contribuir a la formación de una opinión pública favorable, responsable y respetuosa de la dignidad y de los derechos de las personas jóvenes, erradicando las imágenes sociales fragmentadas, distorsionadas y este- reotipadas por género de las y los jóvenes.